miércoles, 19 de octubre de 2016

“LOS INSURRECTOS. MOVIMIENTO INDÍGENA MAYA DE YUCATÁN”. UN INTERESANTE LIBRO DE ERIC VILLANUEVA MUKUL Y ADDY SUÁREZ MÉNDEZ




El cronista Carlos Chablé, el regidor Alfaro Yam, el autor Eric Villanueva y Marcelo Jiménez

Comparto con ustedes mi intervención durante la presentación del libro que hicimos Marcelo Jiménez y yo en el marco del 5º Festival de la Xtáabay. Hubo una buena asistencia de estudiantes, maestros, amantes de la historia local y contamos con la presencia de algunos jefes mayas como el general Gabino Cruz Yeh de Chancah Veracruz y el comandante Edilberto Chablé Catzin de Kampokolché. Fue una buena idea incluir eventos académicos como la presentación de libros, conferencias y mesas panel en esta feliz iniciativa del Tatich para celebrar anualmente a la Xtáabay. Todos se fueron contentos luego porque se obsequiaron ejemplares del libro. Va pues mi rollo con mis saludos cordiales para todos.

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La portada es diseño de Karen Gómez con un detalle del mural Guerra de Castas, del pintor Fernando Castro Pacheco, que luce el palacio gubernamental de Yucatán. Hay q mencionarlo porque al hacer presentaciones de libros generalmente deja de reconocerse a los que hacen las portadas y forman las páginas, así como a los del prólogo.

El autor Eric Villanueva con el general Gabino Cruz
Por eso, hago también especial mención del prólogo de Carlos Bojorquez Urzaiz para este libro, es una breve y excelente creación literaria del antropólogo Bojorquez que enlaza el arte y la cultura con la explicación de procesos sociales como el que Eric y Addy abordan en Los insurrectos.

Debo decirles que he tenido el placer de leer y documentarme mediante la lectura de una buena cantidad de libros que abordan el tema de la llamada Guerra de Castas, de diferentes autores y desde diversas perspectivas, pero de los que han dejado huella en mi formación  menciono en el orden en que los conocí y leí: Los rebeldes de Chan Santa Cruz del maestro Jorge González Durán, La  guerra de castas de Yucatán de Nelson Red y el interesantísimo libro titulado El Cristo indígena, el rey nativo de Victoria Reifler Bricker. Por cierto, recuerdo a mi amiga Emma Uh quien fue auxiliar de Reifler en la traducción de la maya.

Ahora, muy recientemente, gracias a la amabilidad de uno de sus autores conozco y leo con avidez Los insurrectos. Movimiento indígena maya en Yucatán realizado por nuestro compañero de algunas luchas agrarias, Eric Villanueva Mukul, obra valiosa hecha con Addy Suárez. Lo presentaron el año pasado en la Feria internacional de la lectura en Yucatán (Filey 2015). Citaré o comentaré algunos párrafos que me parecen esenciales de este libro:

Como preámbulo de la guerra, en el libro se menciona que “…la propiedad avanzó a pasos agigantados en contra de las tierras comunales de los pueblos ya que este tipo de tierras no estaban escrituradas o registradas, no porque no tuvieran propietarios sino porque SUS DUEÑOS NATURALES NO NECESITABAN ESE REGISTRO, NI SU MODO DE VIDA SE BASABA EN LA CONCENTRACION DE LA TIERRA.  (Pág. 46). Al leer estas líneas, recordé a abuelos ya fallecidos como Tranquilino Poot, Miguel Be y Martina Cituk, de aquí de Carrillo Puerto, que siempre nos decían que la tierra nos la dio Dios a los mayas y que tomamos de ella lo que necesitemos para vivir en un absoluto respeto.

La causa principal del levantamiento maya de 1847 fue el afán de propiedad de los criollos descendientes de españoles, su ambición desmedida para obtener dinero mediante el cultivo de la caña, luego lo sería el henequén.
LA LLAMADA GUERRA DE CASTAS INICIÓ EN JULIO DE 1847…
Y después de unos meses la sublevación había ganado los distritos principales de la producción de caña de azúcar: Tekax, Valladolid, Peto y los Chenes de Campeche. Estos distritos juntos representaban nueve decimos del terreno plantado de caña en la península. (Pág. 48) Eran los tiempos de avance del capitalismo en esta porción del continente, un sistema económico inhumano y depredador desde su origen como podemos ver. Los autores hacen énfasis en las causas de la guerra campesina de 1847 estableciendo en su trabajo la hipótesis de que, lejos de encontrarse su origen en una sociedad de tipo feudal o esclavista, la causa de la guerra fue el inicio del desarrollo del capitalismo en la península que amenazaba a las comunidades del sur y del oriente con el despojo de sus tierras para dedicarlas al cultivo de caña y usando a los indígenas como asalariados. (Pág. 53)
En este proceso se pasó de la explotación de los mayas a través del tributo y la encomienda durante la colonia a la aparición de las haciendas que explotan su fuerza de trabajo, es decir de los mayas como mano de obra asalariada. Significa un cambio en la estructura económica, de la sociedad tributaria a la sociedad capitalista que venia de Europa. Las características propias de la región determinaron que en la transición al capitalismo existieran profundos rasgos no capitalistas, es decir, que permanecieran marcadas expresiones de tipo feudal y esclavistas en las haciendas. (Pág. 54)
Esto ocurría en las haciendas establecidas en el norte de la península y buscaban expandirlo al resto despojando a los mayas de sus tierras. Pero, ¿cómo era Yucatán en esa época?
Durante la colonia Yucatán dependía directamente de la corona española, y su comercio lo efectuaba fundamentalmente con Cuba y Europa; solamente una proporción muy pequeña del comercio lo hacía con la Nueva España. Además, el movimiento de independencia de 1810 no tuvo grandes repercusiones en la península. La provincia de Yucatán estaba constituida por los actuales estados de Yucatán, Campeche, Quintana Roo parte de Chiapas y Tabasco, con gobierno propio y poderes como un pequeño país. Eso era Yucatán.
Nos mencionan en el libro que “en los primeros años del siglo XIX se acelera el proceso de concentración de tierras en pocas manos, en 1847 la gran propiedad alcanza magnitudes impresionantes y el despojo comienza a tener características más violentas, es la etapa de acumulación originaria capitalista” como se le nombró en Europa. Durante este lapso el congreso local yucateco emitió decretos y leyes que legalizaron el despojo, entre 1810 y 1841 la legislatura local aprobó decretos mediante los cuales declaraba vendibles o enajenables los “terrenos baldíos y nacionales”, así avanzaron los terrenos privados y las grandes haciendas, porque los dueños del poder consideraban que los territorios de las comunidades indígenas siempre fueron terrenos baldíos. (Pág.55)
Durante la colonia los indígenas pagaban tributos civiles y eclesiásticos, participaban en la compra y venta de productos en el mercado, PERO NO SOPORTABAN EL DOMINIO DE UN PATRÓN DUEÑO DE HACIENDAS…así que la llamada guerra de castas, más bien el nuevo levantamiento fue una acción de resistencia de los campesinos que vivían libres en el sur y oriente, resistencia a las invasiones de su territorio y contra el intento del gobierno yucateco y de los hacendados de continuar con el despojo…(mencionan a Robert Patch) Pág. 57 ….Por eso se levantaron los mayas a pelear.
EL LEVANTAMIENTO INDIGENA INICIADO EN 1847 FUE ESENCIALMENTE ANTI CAPITALISTA Y PERMITIO LUEGO LA EXISTENCIA DE LA NACION MAYA CON GOBIERNO PROPIO Y TENIENDO COMO CAPITAL ESTA CIUDAD DURANTE MEDIO SIGLO DE AUTONOMÍA INDÍGENA. ESTE HECHO DEJÓ PROFUNDA HUELLA EN LA PENÍNSULA Y DEJÓ UN PATRIMONIO HISTÓRICO FUNDAMENTAL PARA EXPLICARNOS EL PRESENTE.
Pues así llegamos casi a la mitad del libro (Pág. 65) en donde los autores nos platican abundantemente acerca de lo que llaman EL MOVIMIENTO INDIGENA Y CAMPESINO EN LA ZONA MAYA, y nos recuerdan a la comunidad maya de Chemax de aquel 15 de enero de 1977 que protagonizó un nuevo apogeo de la resistencia con el levantamiento iniciado tres meses antes, en septiembre de 1976. La manera de atender el conflicto no fue muy distinto: una fuerza combinada de ejército y policía para reprimir y detener a decenas de campesinos llevándolos prisioneros a la ciudad de Mérida. En la represión se usaron helicópteros y para la coordinación represiva hubo presencia del gobernador yucateco y del secretario de defensa nacional en el lugar de los hechos.
Chemax y otras comunidades de la zona maicera comparten una tradición de lucha y de resistencia con las comunidades de lo que hoy es Quintana Roo y que acostumbramos llamar ZONA MAYA. Por cierto que con la lectura del libro Los Insurrectos podemos ver que la Zona Maya es algo más grande que los municipios de Carrillo Puerto y José María Morelos.
Esta parte del libro nos recuerda que los conflictos del siglo XX siguieron siendo agrarios y que el levantamiento de Chemax de 1976 respondió también al despojo que grupos económicos pretendían continuar contra los indígenas mayas que continúan  también subsistiendo gracias al cultivo de la milpa tradicional, base de su cultura milenaria. La contradicción siempre presente: el capitalismo contra el comunitarismo indígena.
La prolífica y documentada mención de los hechos de Chemax, en el estado de Yucatán, llamó también mi atención pues sabíamos que en abril de 1933 había sucedido lo que creíamos fue el último enfrentamiento de los mayas masewales con el ejército mexicano en Dzulá. Considerábamos que había sido el último pero no, el libro nos recuerda que el de Chemax ha sido el más reciente y tal vez no sea el último si continua el despojo de su territorio a los mayas. No olvidemos que el proyecto federal de construir el tren rápido transpeninsular, detenido hoy nos dicen por razones presupuestales, significaba un nuevo intento en ese sentido. La imposición de siembra y cultivo de soya y maíz transgénicos que se pretende consumar en la península es otra transgresión a los derechos de los indígenas mayas a la territorialidad y a la alimentación sana. Chen lelo’. Dios bootik.

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