viernes, 15 de mayo de 2009

DON WILLIAM PECH: EJEMPLO


Como homenaje sencillo a los precursores del magisterio, incluímos este interesante testimonio recogido por nuestro amigo el reportero Manuel Cen Balam de Felipe Carrillo Puerto y publicado hoy en el periódico "El Quintanarroense"

El profesor William Roger Pech Maldonado, maestro rural bilingüe nacido en 1928 y con ochenta años a cuestas, de los cuales más de sesenta los ha dedicado al magisterio, fundó y vivió en el pueblo de Uh May, además fue uno de los artífices de la educación en la zona indígena del municipio carrilloportense. Hoy es felicitado con motivo del día del maestro.

“Tarea muy difícil y hasta cierto punto muy peligrosa” en ese tiempo, dijo,- yo vine a la zona indígena por recomendaciones profesor Santiago Pacheco Cruz, director federal de Educación en el entonces territorio de Quintana Roo”.

Él me despachó a la comunidad de Komchén que estaba ubicada a 40 kilómetros de la cabecera municipal de Felipe Carrillo Puerto.

En aquellos aciagos años el maestro rural era la autoridad del pueblo; orientarlos era una gran tarea pues además de la educación, era importante atenderlos, la medicina casi no existía, y en sus ratos libres el maestro realizaba labores de médico, registraba matrimonios y actas de nacimiento de competencia del Registro Civil.

Sentado al pie de una placa de mármol que lleva grabado su nombre, en la cual se destaca su labor incasable a favor de la educación, pero sobre todo por la lucha que hizo al fundar el pueblo de Uh May, amablemente el profesor William Roger Pech Maldonado invita al reportero de El Quintanarroense a conocer esta obra que será exhibida próximamente.

Dijo: “A mi me gustaba conocer bien la comunidad y ver como viven las personas para poderlos orientar y educar, pero sobre todo ganarles la confianza para ayudarlos al progreso de sus pueblos”.

Para lograrlo se requirió de tiempo y esfuerzo, siendo una de las primeras bases del desarrollo el establecimiento de las escuelas rurales indígenas del entonces territorio de Quintana Roo. Existía en ese tiempo un rechazo total de los nativos por la educación de sus hijos al grado de mostrase hostiles a la llegada del maestro al interior de sus comunidades.

Como anécdota, el profesor Pech Maldonado nos cuenta la relación que sostuvo con don Marcelino Chan, jefe de las tribus mayas de la zona sur, de quien supo ganarse su voluntad y confianza: “Este hombre me llegó a estimar mucho, la labor no fue nada fácil, pero ya después, hasta carne de animales que cazaban del monte me mandaban para que comiera. Recuerdo que en aquella época no existían más carreteras que la de Peto Yucatán al Kilómetro 50. Era el único lugar que gozaba de medios de comunicación, lo demás lo hacía a pie o a caballo todo un día junto a mi esposa.

Yo le dije al director de Educación, Santiago Pacheco Cruz, que como maestro rural bilingüe sentía la necesidad del trabajo, por lo que me respondió: “Ese tipo de gente necesito para Quintana Roo, pero te voy a decir que es como una zona de castigo”, y le pregunté: “¿Quiere decir que me va a castigar?” y me respondió: ”No, es que no hay comunicación y usted va a caminar o cabalgar para llegar a su comunidad”, “Perfecto, le respondí, me encanta el campo”.

En Komchén la gente era reacia. Yo suplí al profesor Eleuterio Balam en esa comunidad, la gente era rebelde, principalmente la autoridad que en aquella época era el jerarca maya y teniente entre los nativos don Marcelino Chan.

En los primeros meses de 1958 tuve muchas dificultades para impartir la educación, me costaba mucho -dijo-pues no me aceptan porque descían que era Huach, pero Santiago Pacheco Cruz siempre me recomendaba “Quiera mucho a mis indios y, no se mueva de ahí por ningún motivo”.

El teniente don Marcelino Chan por último se hizo mi amigo, inclusive entraba a su casa. A mí me decía “huach”. Le gané mucho la confianza porque atendía los problemas de la escuela y las necesidades de la comunidad, pero había una razón por la cual llegué a convencerlos, fue su religión: formé parte de ella y eso le agradó al jerarca maya.

Y sigue: “Recuerdo un día, él me habló y me dijo; “prope”, vamos a mi casa, quiero platicar; le gané aún más la confianza al grado de que él me vendió un arma tipo Winchester de caballería que colgaba arriba de su candela.

El arma en aquella época me la vendió en 50 pesos, la aceité, la limpié y me sirvió, pero también vi colgado una Mauser que me atrajo y le pregunté cómo es que llegó a su poder, a lo que en confianza me dijo: “Esta arma se la quité a un soldado, uno de los soldados del general Bravo que desertó de su compañía y venía huyendo, él llegó aquí por medio de caminos y brechas, hasta toparse en una milpa, en donde estaba Marcelino. El soldado sediento le pidió agua y el maya le dijo, ahorita te voy a dar el agua, y lo mató a machetazos, lo hizo pedazos. De eso hace muchos años, el profesor le respondió a don Marcelino Chan que cómo se atrevió a quitarle la vida a ese pobre hombre que tenía sed y, me dijo indignado: “Le tenemos coraje a los huaches y soldados por lo que nos hicieron y no le siguió pues recordó que a él también le decían huach.

Al retomar el tema de maestro rural indicó: “Yo no era maestro de cuatro paredes, me gustaba trabajar atendiendo las comunidades indígenas. Un día Santiago Pacheco Cruz sin previo aviso llegó de sorpresa a la comunidad y le dio gusto el recibimiento que le dieron los mayas. Lo apreciaban porque era mi a migo y la gente le daba de todo. Sabían que el me trajo aquí.

El maestro rural William Roger Pech Maldonado no se vence en sus comentarios y nos dice que él fundó el pueblo de Uh May antes Yodzonot Sur con solo 70 habitantes entre hombres, niños y adultos.

Hasta la presente fecha existe un pantano que nunca se seca, ahí vivía la gente, porque aprovechaba esa agua estancada para sus animales y labores cotidianas. Yo y mi familia vivíamos a merced de los moscos y padecíamos paludismo. La gente al igual, pero estaba acostumbrada. Yo les dije que era preferible alejarnos y buscar un nuevo asentamiento, unos aceptaron y otros no.

Como maestro rural sentía la necesidad de ayudar a esa pobre gente, alejarlos del estanque para evitar más enfermedades. En ese tiempo la dirección de Educación federal obligaba al maestro a cultivar parcelas escolares, cada padre de familia tenía la obligación de tumbar un mecate de monte, sembrarlo, y el producto era dividido en tres partes: uno para la comunidad, la otra para la escuela y una parte para el maestro.

Dijo que construir un pueblo me fue fácil, primero porque el gobierno rotundamente se oponía, segundo, no todos estaban de acuerdo y tercero, no había recursos. Procuré convencer al pueblo y en una orilla del camino, rumbo a Chetumal, empezó la construcción del pueblo de Uh May. En 1958 le pedí al gobierno de Merino Fernández esas mejoras, aprovechando la vista de Luis Bracamontes secretario de Comunicaciones y Trasportes, sin embargo fue gracias a la intervención de Tiburcio May que se logró el objetivo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario